Monday, February 08, 2010

Local nº2. Restaurante italiano cerca de la Plaza del Oeste

Este restaurante italiano que ahora está en la calle Fray Luis de Granada, entre la Plaza del Oeste y la Avenida Mirat, se encontraba antes en otro lugar, en las pequeñas galerías que hay en la calle Azafranal, donde, en mi opinión, el local tenía mucho más éxito, clientela y mejor servicio. De todas maneras, decidieron mudarse y cambiar el nombre (y quizá también el dueño), y lo cierto es que estos cambios no han sido para mejor: ahora es más caro, la calidad de la comida es inferior, y los camareros, bastante antipáticos. Sin embargo, a pesar de todo esto, sigue siendo uno de mis restaurantes italianos favoritos en Salamanca debido a un simple pero importantísimo detalle: la masa de sus pizzas.

Si, en este local, recomiendo fervientemente probar las pizzas. Las hay con carne, por supuesto, pero también sin ella aparte de la típica margarita o la cuatro quesos; las hay con alcachofas, con champiñones, e incluso una sin queso para aquellos que no tomen queso: la pizza marinara (con tomate, ajo y albahaca). Eso sí, no pidáis la focaccia por nada del mundo: no es una focaccia de verdad, es simplemente una sequísima masa de pizza que no sabe a nada. Ahora es preguntaréis cómo puede ser que, si la focaccia de este restaurante es una masa de pizza y la masa de la pizza es lo que más me gusta del restaurante, no la recomiende. Pero es que una cosa es tener una masa de pizza finísima, que casi se deshace en el centro con el calor de los demás ingrediente y su peso, mientras que por el borde está crujiente, y otra tener una especie de papa frita gigante sin sabor y a veces, quemada por partes. En conclusión: pizza si, focaccia no.

Además de pizza, como en todo restaurante italiano, hay pasta. Aunque puede resultar muy llamativo el hecho de que puedes pedir el tipo de pasta que quieras y luego añadirle salsa al gusto (de modo que no hay platos prefijados de pasta y uno mismo se monta lo que más le guste), lo cierto es que la pasta no está muy buena y deja que desear. Está bien el concepto, pero no la calidad. Para pastas, es mucho más interesante uno de sus platos de carta: unos "girasoles" (raviolis gigantes, para que nos entendamos) rellenos de queso y pera. Están deliciosos, pero son bastante caros. Este restaurante ha subido el precio de sus pizzas un euro desde que se mudó desde Azafranal a su nueva localización, y el resto de sus platos la verdad es que aunque han mantenido el precio, son un poco carillos. También hay quiches aptos para vegetarianos, que si valen la pena (bueno, esta recomendación no es mía directamente, ya que a mí no me gustan los quiches independientemente de su ingrediente principal, pero a mi madre, gran aficionada a los quiches, si que le gustaron) y tienen ensaladas; con todo, sus ensaladas son muy simplonas y no valen lo que cuestan. En cuanto a los postres, tampoco tienen nada interesante.

No es que este restaurante sea un buen restaurante, para que  nos vamos a engañar. La verdad, no me extraña que las últimas veces que he ido, estuviese yo sola (con mi acompañante en cada caso) en todo el local. La mitad de las cosas que tiene no las recomiendo, sean aptas para vegetarianos o no: simplemente, no está acorde su precio con su calidad.Excepto por las pizzas. Sino fuera por ellas, jamás recomendaría a nadie este sitio. Sigo preguntándome por qué cambió su conveniente localización en el centro a esta callecita que casi nadie conoce, perdiendo así el montón de clientes que tenía en Azafranal (estaba muchas veces lleno y hasta había que reservar, en ocasiones). ¿Problemas con el alquiler del local? De todos modos, la masa de sus pizzas sigue intacta y por ello, no puedo dejar de recomendarle a todo el mundo que vaya al menos una vez a probarlas. Espero que os gusten tanto como a mí.

1 comments:

Monica said...

es bueno encontrar estos lugares de pasta, al menos para mi.. hace tanto tiempo que como en los restaurantes vegetarianos que me olvido que pasta también puedo comer